viernes, 14 de marzo de 2014

Las pieles de nácar

Choi Ara by ChOI Yongbin for W Korea Dec 2013

El pelaje de los gatos (MR nº14)




Manises se despertó de la siesta y se estiró. Andrea puso la mano en su lomo arqueado y al gato le pareció bien una sesión de caricias. Así que éste se acomodó en el hueco de la cadera de Andrea y dejó que su ama paseara los dedos por su pelaje.

Andrea pensaba sobre el color del pelo de los gatos. Había leído que, por ejemplo, los gatos siameses no tenían las orejas y el rabo negros y el resto del cuerpo blanco por casualidad; sino que se debía a que el gen que expresaba la pigmentación estaba regulado por la temperatura. Por tanto, en las zonas más frías se expresaba más y se producía melanina.

Pero Andrea aún se preguntaba por qué sólo las gatas podían ser de tres colores. También sentía curiosidad por las características de Manises: todo blanco como la nácar si su madre era una preciosa gata del color del betún.

Creepygal II



Ella pidió desaparecer, y Venus le concedió el deseo.

domingo, 23 de febrero de 2014

sábado, 22 de febrero de 2014

Unos zapatos en la playa (MR nº 8)

Donald se jubiló hace dos años. Con el dinero ahorrado se compró una casita en la costa para poder pasar el resto de su vida junto al mar. Todos los días se levantaba a las siete y se paseaba  por toda la orilla. Lo hacía descalzo para poder sentir como  la arena se metía  entre sus dedos. Inspiraba el aire con aroma a agua salada y expiraba la verdadera paz. 

Pero hoy al terminar su paseo, sus zapatos, que siempre los dejaba junto a las rocas, no estaban. Y aún más curioso, cuando al día siguiente iba a dejar las nuevas sandalias en las rocas, los zapatos desaparecidos volvían a estar allí. 

-¿Con que los zapatos son tuyos? - Oyó a sus espaldas. Era una mujer de unos sesenta y poco años, rubia y con pamela. - Me llamo Elsa y ayer recogí tus chanclas pensando que alguien se las había dejado olvidadas.

-Hem... ¡oh, gracias....!

-Si las vuelves a dejar ahí, la próxima vez será el agua quien se las lleve. -Dijo con picardía. 




Una caja de fresas (MR nº 6)



Felipe paseaba por la calle con paso lento aprovechando que esa mañana hacía un poco de sol. Pronto empezaría la primavera, pero aún soplaba un viento helado que le cortaba la piel de las manos. Llevaba la parka verde cerrada hasta arriba. Así, el borrego le calentaba las mejillas. 

Llegó al mercado. Los fruteros ya habían traído las primeras frutas de temporada. Lucían apetitosas aunque no estuvieran todavía en su punto. Vio una pequeña caja de madera con grandes fresones. Al ver el reluciente rojo pensó en Mariana, su mujer, y en el bebé que tendrían este verano. Compró la caja y volvió a casa diciéndose que nunca una fruta le había echo sentirse más feliz.


Los días de Patricia (MR nº 7)




Se había dejado el pelo larguísimo, a mitad de la cintura, y se lo había tintado de rosa pastel. Se despejó la cara trenzandose los mechones de la cima de la cabeza, decorando la trenza con una goma elástica negra. Se puso el suéter más largo que tenía y, debajo, una falda de cuero. Sólo le faltaba su mochila, una de esas tan monas con alitas. 

Patricia saldrá a la calle, quedará con sus amigas, se tomará dos cervezas con cupcakes y por último volverá a su cuarto para navegar por Tumblr y ver dos capítulos de anime. Al fin y al cabo, estaba de vacaciones.